GRANDES ORADORES CONTEMPORANEOS.

Grandes oradores  contemporáneos.

La oratoria es un don especial para el que lo posee, y  un preciado tesoro para quien lo obtuvo, con su gran trabajo.

En esto sabemos que en cada país del mundo,  encontraremos muchos virtuosos oradores, los cuales nombrarlos y  contarlos uno por uno, sería realmente imposible, ya que  muchos seres llevan en su interior este especial dote, algunos de  ellos innatos en su ser, más en otros obtenidos por propio  esfuerzo, pero impulsados por la voluntad y tenacidad.

Para hablar de los grandes oradores, nos limitaremos tan  solo a los más conocidos por la historia universal, a  razón de su variedad de los mismos.

Con el objetivo de copar todas las expectativas,  nombraremos a oradores políticos, los cuales marcaron  épocas tanto en la historia del mundo, como en su  país perteneciente. Para lo cual, serán expuestos  un personaje de tres continentes; nos centraremos en  América, en sus tres aspectos: Sud América, Centro  América y North America.

Demos Inicio con:

A.- El Continente Europeo.

Empezamos en Europa, nos  encontramos en la época de la Revolución  Francesa.   Allí está Maximilien de Robespierre, más  conocido como "el Incorruptible", abogado de profesión,  nacido en Arras, 1758. Sufriría la guillotina, conforme a  sus daños causados, dando fin a su existencia el 28 de  julio de 1794.

Robespierre emergió de la oscuridad  parlamentaria, estableció su preponderancia y  habría de gobernar a Francia por  medio de la oratoria. Hablando de sí mismo, decía  que él había sido hecho para la revolución,  y luchó por la revolución casi exclusivamente con  palabras. "El amor a la  justicia, a la  humanidad, a la libertad", dice, definiendo su natural  inclinación revolucionaria, "es una pasión como  cualquier otra. Cuando nos domina, la sacrificamos todo". Sus  habilidades oratorias ya eran evidentes antes de la  Revolución, lo mismo que su uso de la oratoria como un  instrumento de agitación popular. Durante los meses de  excitación prerrevolucionaria y actividades en  Arrás había habido quejas de que Robespierre  insultaba directamente a la oligarquía local,  dirigiéndose a quienes estaban fuera de su esfera. Y sus  métodos de  elección habían de suscitar el mismo cargo. Ya  diputado, iba a ser acusado de Demagogia.   La revolución fue una gran época oratoria y  Robespierre compartía con sus contemporáneos una  excepcional fe en las palabras.

Gozaba leyendo en voz alta a los clásicos  franceses, una afición que revela el amor a la  música de  las palabras y una mentalidad de carácter oratorio. De cuando en cuando se  quejaba de que la oratoria formal a la cual eran aficionados los  diputados, y que imitaba conscientemente a los modelos  romanos, especialmente Cicerón, eran menos valiosas que  las efusiones espontáneas que nacían de un  corazón simple y sincero, pero él, por su parte,  era autor de esos discursos  elaborados. Casi siempre leía un  texto que ya estaba preparado. Los pocos  manuscritos de propia mano que nos han llegado muestran docenas  de correcciones que prueban esta actitud. Sus  ideas eran compuestas, peinadas y empolvadas tan meticulosamente  como su persona, antes de ser presentada al mundo. En ambos casos  se dejaba ver el gusto del antiguo régimen, que  persistía.

La oratoria revolucionaria en Francia era el producto de  modelos clásicos, que en un tiempo habían sido  modificados para adecuarlos a las necesidades del púlpito,  el tribunal o el salón de conferencias, y que ahora fueron  modificados por la revolución. Demóstenes y  Cicerón, los máximos oradores de la  antigüedad, eran estudiados minuciosamente, así como  a los críticos y gramáticos que habían  analizado y racionalizado lo que era más esencial en la  oratoria. Aparte de estas preocupaciones puramente técnicas,  tanto Demóstenes como Cicerón habían sido  opositores a los tiranos, el primero a Felipe de Macedonia y el  segundo a Julio César. Y sus sentimientos y su  pasión republicanos eran más apreciados por lo  oradores revolucionarios. Ahora, por primera vez en la historia  francesa, los temas de la ciudadanía, el patriotismo y el deber de  resistir al rey eran predicados abiertamente. Cuando los  revolucionarios volvían a las  fuentes de la oratoria  antigua, para encontrar en ella inspiración e  instrucción, lo hacían en un nuevo espíritu:  la sustancia era por lo menos tan importante como el  estilo.

Los revolucionarios eran aficionados a la oratoria como  se puede ser aficionado a la ópera o el  teatro.   La carrera de Robespierre era igualmente deudora de la oratoria  y, aunque él distaba de ser uno de los grandes oradores de  su tiempo - sus contemporáneos Danton y Vergniaud, con  temperamentos y carreras muy distintas, compartía ese  honor- era muy admirado por sus colegas y podía sostenerse  que era el orador más eficaz.

La forma y el fondo son inseparables. Aquí  subrayo la forma, ya que el fondo de Robespierrees la base de  todo lo que sigue. Cuando el joven Robespierre dio los primeros  pasos en la carrera legal, los críticos de la oratoria  tribunalicia distinguían dos clases de  discursos: los de los abogados, que sacrificaban  el estilo al deseo de ganar una causa, y los de los literatos,  que utilizaban el estilo para revelar principios  básicos racionales.

Robespierre estaba dentro de estos últimos.  Robespierre estaba entre estos último. Sus casos legales,  por la forma en que los defendió, eran ejemplos  específicos de posiciones generales.

El caso Pagès, que versaba sobre un dinero  prestado, se convirtió en una consideración sobre  la usura; el caso de Mary Somerville, en torno a la  herencia  disputada, se transformó en una exposición  de los derechos de la  mujer; el caso Déteuf, que tenía que ver con  una falsa acusación de robo, hecha por un monje que  quería vengarse de una mujer que  había resistido sus intento de seducción, se  convirtió en un análisis del lugar que debe ocupar el clero  en la sociedad.

Ya hemos visto que el caso pararrayos y el caso Dupond  llegaron a ser respectivamente una confrontación entre  ciencia y  superstición y una diatriba en contra de la justicia  arbitraria y el encarcelamiento. Esta costumbre de generalizar  liberó a la oratoria de Robespierre, incluso antes de la  revolución, de buena parte de la jerga legal y la  estrechez profesional que perjudicaba a muchos de sus  contemporáneos, que también habían llegado a  la revolución desde una carrera en la jurisprudencia. Robespierre rara vez opinaba sobre  la oratoria y, cuando lo hacía, no tomaba en cuenta los  aspectos técnicos del arte. El consideraba la  inspiración, para sí mismo y para cualquiera que  hablara con propósito y sentido, como  fundamental.

Como orador, Robespierre inició la  revolución con ciertas desventajas técnicas,  hablaba con un fuerte acento regional artesiano; su voz,  demasiado aguda para ser naturalmente agradable, era débil  de volumen y  carecía de variedad en los tonos.

Su presencia física no era  imponente: era un hombre bajo y  delgado, con una cabeza voluminosa. Su mala vista le  exigía usar gafas, que a veces se levantaba sobre la  frente, cuando estaba hablando, para frotarse los ojos. Los  gestos que hacía en la tribuna eran breves, un poco  bruscos y crispados. En otras palabras no tenía la  presencia de un orador importante y dominador, y estas  insuficiencias estaban agravadas por la costumbre de leer sus  discursos, hundiendo las narices en el texto  escrito.

Robespierre era perfectamente consciente de sus  falencias, y procuraba vencerlas o lograr que sus oyentes no las  notaran. De todos modos, su importancia no radicaba en la  perfección técnica de su oratoria, sino en lo que  tenía que decir. Lo que no podía aprenderse era lo  que más importaba, "una elocuencia que brota del  corazón y sin la cual nada es conveniente". Y esta  elocuencia él la poseía y se explayaba en la  revolución. Incluso era capaz de improvisar  brillantemente, aunque lo hacía pocas veces, prefiriendo  no entregarse a las pasiones del momento, atento a obtener esa  precisión que sólo la da la pluma. En sus  manuscritos encontramos dos clases de correcciones. A veces con  la pasión de la destrucción, tachaba pasajes  enteros "con una red de barras  irregulares".

En otras ocasiones sustituía una que otra  palabra, buscando cuidadosamente el vocablo justo.   Asimismo, los manuscritos de Robespierre revelan mucha  atención a los efectos. Insertaba con todo cuidado pausas  destinadas a impresionar a los oyentes con el horror o hacer que  estallan en aplausos entusiastas. Y como siempre hablaba para los  que estaban más allá de las paredes de la Asamblea  y que tendrían que leer o escuchar sus discursos de  segunda mano, se tomaba el trabajo de  lograr que sus palabras fueran repetidas exactamente.

Elaboró un estilo que consistía en hacer  pausas frecuentes, como si estuviera dictando su discurso. "Como  el elocuente Robespieerre siempre se interrumpe, para mojarse los  labios", escribe un periodista, "uno tiene tiempo para  escribir".

Estos discursos cuidadosamente preparados, pronunciados  con nitidez, con adecuadas citas de Bacon, Leibniz, Condillac y  Rosseau, entre los escritores modernos, con las alusiones  clásicas favorecidas en esos tiempos, con pausas para  lograr efectos dramáticos y énfasis para obtener  aplausos, era el medio por el cual Robespierre se revelaba,  dictaba una autobiografía revolucionaria al mismo tiempo  que revelaba a la Revolución.

Había adquirido ahora el hábito de pensar  en voz alta ante sus oyentes, a menos esta era la  impresión que daba. Y lo lograba haciendo preguntas  retóricas que muchas veces dejaba sin respuesta, con el  propósito de sembrar una idea y también obtener un  efecto retórico. Esta afectación molestaba e  intrigaba a la vez. ¿Que debemos hacer ahora?,  ¿Cuál es la mejor manera de asegurar la  supervivencia de la Revolución?,  ¿Fortalecerá mi  muerte los fundamentos de  la virtud?. Estas y otras preguntas semejantes era su manera de  entablar con sus oyentes un diálogo  moral y público, compartiendo con ellos sus dudas y  temores.

Robespierre, poseía temores particulares, los  cuales no lo incorporaba a su oratoria, y esto por razones  obvias; ya que unos de sus temores era previo ingreso a la  tribuna, esto por su timidez, y así lo hace saber  él mismo a su amigo Etienne Dumont, pero "cuando empezaba  a hablar" se veía libre de la angustia y "ya no era  consciente de sí mismo".

La mente de Robespierre tendía a un modo  dialéctico de pensamiento y  expresión. El no buscaba el reposo y la serenidad, aunque  la forma de sus discursos expresa orden y equilibrio en  un grado extremo. Buscaba el vigor, el trueno de los anatemas,  como cuando denunció al general Dumouriez o condenó  al despotismo como un mar sin orillas, que inunda al mundo y lo  convierte en "el patrimonio del  crimen".

Este estilo tiene sus peligros. Robespierre, como  Rousseau antes  de él, solía ser arrastrado por sus excesos  retóricos, se entregaba al tema rapsódico que  él mismo componía, quedaba hechizado por los  sonidos de las palabras, que rodaban como olas sobre el tema,  enterrando el sentido bajo el sonido.  Robespierre, cuando pierde el control de su  verborrea, cuando se aleja de lo  concreto y los detalles,  flota patéticamente, acumulando imágenes y  abstracciones.

La voz única de Robespierre, tanto tiempo aislada  y temida en la Constituyente, se convirtió en la voz de  los Jacobinos y después en la de Francia  revolucionaria".

B.- Continente Asiático.

Hablaremos en esta ocasión, de un célebre  ser, el cual es recordado muy afectivamente en la  India, con el seudónimo "el Mahatma", es  decir, el "Alma Grande".

Debido a su escasa documentación, en cuanto a su oratoria, es  preciso dar una breve reseña bibliográfica de su  persona, para llegar a comprender los alcances de su oratoria y  los frutos conseguidos.   Mohandas Karamchand Gandhi, nació el 2 de octubre de 1869  en Pobandar, capital del  principado independiente del mismo nombre y pequeño puerto  de la casi isla de Kathiyavar, en la costa noreste de la India.  Era el cuarto hijo de Karamchand y Putlibai Gandhi, de la casta  de los vaishya y sub casta de los Modh Baniya.

Según la tradición de los vaishya o  vaiçya debían dedicarse a la agricultura,  la artesanía o al comercio y  durante mucho tiempo los Gandhi, como lo atestigua su  patronímico, que significa "comerciante de especias",  habían mantenido la tradición. Después, por  favor del príncipe o méritos personales, el abuelo  y el padre de Mohandas fueron Diwan (Primer ministro) de  Porbandar.

Aunque el título era pomposo, el cargo era  relativamente modesto en tan pequeño Estado, pero  proporcionaba al menos, teniendo en cuenta los hábitos  locales, vida desahogada y consideración.

Gandhi, tuvo una infancia  tranquila; la gran piedad de Putlibai influía vivamente en  el entorno. Esta mujer sencilla e inteligente, a la que se le  pedía consejo incluso para los asuntos del Estado, era  ante todo una ferviente vishnuita. Muy devota a sus principios,  llevaba con ella a los niños,  al templo, con el nombre de Rama en los labios, cumplía  con los ritos y los severos ayunos a los que ni siquiera por  enfermedad faltaba.

Por su parte su padre, Karamchand, era a pesar de sus  errores, un hombre leal, generoso y de trato fácil a pesar  de su temperamento irascible. Poco instruido como la mayor parte  de los indios de aquella generación, poseía una  merecida reputación por su estricta imparcialidad y su  experiencia, que le permitía resolver con facilidad los  problemas  más complejos. Al igual que su esposa era también  vishnuita y un vegetariano consumado.

Es así, que en Mohandas, "empezaba a arraigar, la  convicción de que la moral es el  fundamento de todo y de que la verdad es la sustancia de toda  moral".

Contrajo matrimonio,  conforme a la costumbre, a la edad de 14 años, lo cual fue  para él una pesadilla, a tal motivo, años  después, combatiría en contra de dicha  costumbre.

En la escuela su  situación era también tensa. La enseñanza,  en ingles desde la promulgación de la ley Macaulay  (1835), sembraba el desarrollo en el espíritu de los  jóvenes. Se les inculcaba el dogma de la superioridad  absoluta de todo lo que procedía de Inglaterra, es lo  impregnaba de admiración por la gloria de Inglaterra, por  su alta civilización, sus conquistas científicas,  su organización política, su invencible  poderío. En contrapartida, se trazaba el cuadro de todas  las deficiencias pasadas y presentes de la India. De forma que  ignorando la grandeza de su país, aquellos adolescentes  estaban persuadidos que no se convertirían en hombres  más que a condición de romper con sus tradiciones,  creencias, costumbre, y copiando civilmente a sus  maestros.

Mohandas al igual que sus compatriotas soñaba con  sacudir el yugo: Deseaba ser fuerte y audaz, y quería lo  mismo para sus compatriotas, a fin de poder vencer a Inglaterra y  liberar a la India.

El pensaba muchas cosas, algunas de ellas absurdas  propias de su adolescencia.

Cuando al acabar la High School de Rajkot, se  inscribió en la Universidad de  Bhavnagar descubrió que era extraordinariamente inculto, y  al sentirse incapaz de seguir los cursos, acudió  descorazonado junto a su madre.

Parecía que no tenía solución, ya  que su padre ya había muerto; pero tuvo por fortuna un  brahmán erudito y amigo de la familia,  quien sugirió que le enviasen a Londresa cursar los  estudios de Derecho. Gandhi, pensaba las maravillosas  perspectivas, afirmando: "ver a Inglaterra, la tierra de  los filósofos y los poetas, el corazón  mismo de la civilización" pensaba en ella todo, el tiempo.  Habría partido ese mismo instante si hubiera estado en sus  manos la decisión. A pesar de todas las prohibiciones,  Gandhi convenció a su madre, y con desbordante sentimiento  embarcó el 4 de septiembre de 1888, dejando a su hermano  el cuidado de su mujer y a su hijo recién  nacido.

Otras dificultades esperaban a Gandhi, en Londres.  Aunque perdidamente admirado de la civilización  occidental, ignoraba todo sobre ella, hasta el uso de la cuchara  y el tenedor.

La pronunciación del inglés  era un suplicio. Para el colmo, estaba él inmerso en  vanidades, nada más al llegar, emprendió una tarea  sobrehumana, deseaba convertirse en un  ‘Gentleman’.

Al cabo de tres meses, sin embargo, había ya  sentado cabeza. Y se hizo una promesa consigo mismo: no  tacaría el vino, las mujeres, ni la carne.

Terminado su curso, en sus tres años de  estadía en Londres; después de pasar la prueba  final en la Universidad, la cual fue muy difícil, teniendo  por logro el dominio de la  lengua  inglesa.

Partió de regreso a su tierra natal.  Pero allí se dio cuenta de su situación, una  timidez enfermiza, unida a una ambición sin empleo, le  paralizaba le paralizaba e incapacitaba para hablar en  público e incluso para leer lo que había redactado.  Además ¿qué es lo que había adquirido  en Londres? Unas vagas nociones de derecho inglés,  mientras que carecía de cualquier noción de Derecho  indio o de la práctica procesal.

Abrió, su bufete con la ayuda de su hermano  Laxmidas, pensaba en un exitoso vakîls (abogado) de  renombre. Pero no tuvo éxito en su cometido, cerrando su  oficina.

Pero la necesidad le era apremiante debía buscar  alimento para su esposa e hijo. Un día el destino le  concedería una oportunidad, la firma Dada Abdulla y  Cía, le ofreció la propuesta de viajar a  África del sur, ya que necesitaban un empleado que supiera  inglés perfectamente.

Aceptó la propuesta, a sus 24 años sin  porvenir aparente.

En África del sur, se había establecido  una colonia India de cerca de 10.000 hombres, en virtud del  llamado de los residentes ingleses de Natal, como mano de obra  barata, para el cultivo de caña de azúcar,  té y legumbres. Una contrato de  inmigración, cuyas cláusulas  habían sido fijados por la India y la colonia Natal, los  ligaba por cinco años y en condiciones miserables,  prestar  servicios con el mismo  patrón.

Aquel lugar estaba colmado de racismo, haciendo  estragos por doquier; eran considerados como "La plaga negra", y  otros como "la basura  asiática". Los códigos los designaban como personas  pertenecientes a las pueblos salvajes, y las constituciones  afirmaban que no serían admitida ninguna igualdad  civil, frente a hombres de color.

Por todas partes se aplicaba una segregación  brutal: los indios, cualesquiera fuesen sus méritos o la  situación adquirida, no eran más que  "collies"(criados, mozos de cuerda), un collie no es un hombre.  No podían andar por la noche, si no era con un  salvoconducto.

A Gandhi, se le previno lo dicho, pero no lo  creía, pensaba que tenia una profesión, y que era  un ciudadano británico; pero nada más al llegar  aprendió que solo era un "abogado collie". Se  encontró rechazado por todos, "descubrió que por  ser indio, no tenía ninguno de los derechos  humanos". Con semejante golpe, Gandhi, se puso firme, y  estaba dispuesto a luchar contra el miedo.

En Pretoria realizó su trabajo, y al mismo tiempo  se cultivo del derecho  procesal de su país. Cambiando sus perspectivas, no  soñaba más que en volver a la India. No veía  ningún futuro en África del Sur, en donde vivir le  resultaba intolerable. "Pero el hombre  propone y Dios dispone", porque al leer un periódico  local días antes de su regreso, leyó la noticia, de  la creación de un proyecto para  suprimir el derecho que tenían ciertos indios de elegir  representantes en la Asamblea legislativa de Natal. A tal motivo  envió información de guardia a los de su  terruño, pero ellos les pidieron que él se haga  cargo, ya que ellos eran iletrados para esos asuntos, y tan solo  miraban, el  periódico para saber las cotizaciones de la  Bolsa.

Gandhi haciendo gala de una perspicacia, se situó  inmediatamente sobre el sólido terreno de los derechos y deberes que  conferían a los partidos la ciudadanía  británica de los indios.

Mediante una petición dirigida a Lord Ripon,  secretario de Estado para las colonias, para la cual, como  demostración de su ascendiente, recogió en pocos  días, diez mil firmas, obtuvo la suspensión del  proyecto.

Pero el gobierno de Natal  por otros medios,  buscaba sus fines. Los cuales también fueron truncados por  la intervención de Gandhi, ya que él aseguró  y concretizó: Asambleas, conferencias, debates, cursos  nocturnos, creación de Asociación de Indios del  Cabo y de Transvaal, Congreso Indio de Natal, Asociación  cultural de indios originarios de la colonia, etc.

Por otra parte, como preludio a su intensa producción como periodista, Gandhi alertaba  a la opinión  pública, desde el África del Sur hasta  Inglaterra y la India, mediante la "Llamada a todos los ingleses" y el "derecho al voto de los  indios", dos folletos repletos de hechos, cifras y argumentos  escrupulosamente expuestos.

En unos pocos meses bajo el peso de la  responsabilidad, el futuro jefe de la India es  revelaba como maestro de sus excepcionales dones: jurista tan  sutil en el manejo de las leyes como  consciente de la importancia de los hechos, orador de palabra  clara, convincente(se acabó la timidez balbuciente de  otros tiempos!), hábil en el manejo de los  hombres, trabajador infatigable, eficaz en el presente al tiempo  que preparaba el porvenir con un coraje que ninguna  vejación disminuía. Desde un principio se atrajo el  respeto. Sus  mismos adversarios, los diarios locales, le rindieron homenaje  alabando su moderación, imparcialidad y entrega  desinteresada.

¡Qué lejos estaban sus primeros días  en África del Sur!. El pequeño empleado de Abdulla  se convirtió en un político influyente y en un  abogado extraordinariamente capaz, a que las firmas importantes  musulmanas le retribuyen ampliamente sus servicios.

En Durban ya ganaba la considerable suma de 2.000 libras  al año; en Johannesburg sus ganancias alcanzaron al  más del triple. Siendo para el un resultado no esperado,  pero por supuesto bien recibido.

Es aquí cuando nace en su interior la idea de  abocarse íntegramente a la vida espiritual, ya que  él seguía percibiendo el racismo, la violencia,  etc., por todas partes.

Es así que, se cultiva de numerosos escritores  como Blavatsky, Upanishad, Brahmana, Bhagavad Gîtâ,  Tolstoi, Carlyle, las vida de Mahoma, Sócrates,  el Coran, los Proverbios de Zaratustra. Consumandose más  tarde en un teósofo eminente. Deseando convertirse en un  político esforzado en hacerse santo.

De aquí en adelante será el  artífice de la independencia  de la India que se propuso conseguir pacíficamente de Gran  Bretaña, gracias a su formula "la no-violencia";  sería arrestado y perseguido; será artífice  del boicot a los productos  importados de Gran Bretaña, huelga de  hambre, etc.

Enemigo de la división de castas; tuvo muchos  atentados contra su integridad física, hasta que fue  asesinado por un fanático, en Nueva Delhi, el 30 de enero  de 1948.

C.- América, nuestro Continente.

Para hablar de los oradores de América,  empezaremos por Norte América, pasando por centro  América y dando por broche de oro  Sudamérica, otorgando por exponente a un representante  nuestro.   Al hablar de E.E.U.U., no existe duda de nombrar a su gran  exponente de todos los tiempos, de la historia norteamericana.  Para mejor comprensión nos situaremos en los años  1809, en el estado de  Kentucky (en una población cerca a Hodgenville),  correspondiente al año y lugar de nacimiento de este  célebre personaje.

Los primeros años de su niñez, estuvo  inmerso en la vida del campo, ya que provenía de una  familia que  poseía como fuente de ingreso: la labranza.

Este factor, fue fundamental en su preparación  tanto física, psíquica como moral. Se  cultivó de muchos dones, los cuales dio florecimiento,  gracias a su gran apego a la lectura  de libros.

Alrededor de los doce años de edad, expuso su  primer discurso, en una pequeña parcela, la cual atrajo a  los transeúntes, a quienes cautivó con sus palabras  colmadas de veracidad y énfasis, causando gran impacto en  los escuchas, ya que en forma involuntaria dieron a relucir su  aprecio y, comprensión al discurso, proporcionando  aplausos, que en esos momentos era todavía  exteriorización de sentimientos sinceros de un auditorio  que encontró el entendimientos de sus cotidianas  actividades, pero más que esto, fue el recibimiento a un  nuevo estandarte de Norteamérica, que encontrará su  realización años más tardes.

Valga en esta oportunidad, hacer la aclaración,  de que el contenido del discurso expuesto por el personaje en  estudio, era una repetición de un texto que había  leído en sus momentos de ocio, en donde se comentaba la  ubicación fundamental del campesino en  la sociedad; llegando a agradar en demasía a dicho lector,  quién no dudo en hacerlo público,  representándolo con palabras entendibles para su corta  edad, con la cual no existió oyente alguno que no  entendiera.   Con el transcurrir del tiempo, fue creciendo en estatura y  conocimiento.  Acabados sus años de estudios básicos en su  terruño, se decidió ingresar en la profesión  de la abogacía. Aquella profesión que le  otorgaría grandes satisfacciones, llegando a comprender la  situación de los Estados, tanto negociables como políticas.

Dolido por el maltrato, que recibían los esclavos  negros, quienes eran considerados en una escala de valores  reducidísima, inclusive llegando a confundirlos con  animales.

Tremendo fue el impacto recibido, más aún  cuando se dio cuenta que también los campesinos, fueron  reducidos a simples productores de la canasta familiar, sin  ninguna intervención en los asuntos del Estado, ya que  pocos eran los privilegiados en poder culminar sus estudios  profesionales debido al desinterés de ofrecer cultura al  campesino, y más aún que los textos de estudios en  las escuelas rurales no eran los apropiados en su totalidad. Por  esto es que se propuso fehacientemente destruir con esas vanas  convicciones, que lo único que causaban era la  desunión interna de cada Estado.

Hasta aquí hemos comentado sobre las  raíces del célebre personaje de los Estados  Unidos.

Es momento de dar su completa identidad, con  motivo, que desde el momento de su egreso como Abogado en 1837,  empieza su nombre a quedar gravado en el recuerdo, como  aquél quien marcó una época en la historia  universal, llegando a ser conocidos inclusive fuera de sus  latitudes hasta hoy en día, como en esta oportunidad, lo  hacemos nosotros.

Es así, que Abraham Lincoln, posterior a su  egreso profesional, comienza a dar cumplimiento a su promesa  realizada en su fuero interno. Comienza a defender las causas  antiesclavistas.   Ganando, el reconocimiento por parte de los Estados Unidos, por  su preparación tanto jurídica como formativa de su  ser.

En el año 1856, es adhiere al Partido  Republicano. Constituyendo su elección la detonante de  la guerra de  Secesión, culminado durante el año 1863, con la  abolición total de la esclavitud.   Abraham Lincoln, fue conocido por todos los de su época,  como un individuo  sincero, sencillo, correcto y dotado de claridad en su  expresión.

Todos se preguntaban cual era la formula mágica,  con la cual Lincoln convertía o producía un  pequeño discurso en acción.  Ciertamente, el poseía el don de la persuasión, es  decir obtener acción por parte de su auditorio, así  como lo consiguió, en los años de su juventud en  aquel primer auditorio ameno constituidos por  labradores.

Aquella anécdota, era recordada por siempre por  Lincoln. En algunos discursos él comentaba a su auditorio  sus propias experiencias, junto con otras ajenas, nombrando  primero al sujeto que recordaba en ese momento, para luego dar  inicio al comentario del mismo. De esta manera él  informaba, convencía e impresionaba, todo ello como  consecuencia a las reales verdades y sinceras palabras que  emergían de su interior, ya que él vivía el  momento de su discurso como si fuese un pobre, esclavo, negro,  campesino, o industrial, dependiendo las circunstancias en que se  encontraba.

Así nos lo demuestra, en su declaración:  "Mi modo de comenzar un alegato y conseguir el triunfo, consiste,  decía Lincoln, primeramente, en hallar un punto de  coincidencia".   Esto lo realizaba siempre, inclusive cuando iba a abordar el  candente problema de la esclavitud.   "El Espejo", nombre del periódico neutral, realizó  una crónica a una de las charlas de Lincoln: "sus  oponentes no podían estar en desacuerdo con ninguna de sus  palabras. Desde allí comenzó a conducirlos, poco a  poco, apartándose hasta dar la impresión de que  habría logrado convertirlos a todos en sus  partidarios".

De esta manera Lincoln, al comenzar su discurso, no  mencionaba o trazaba los desacuerdos de las partes, sino que  buscaba la unidad entre ellas al fin que se deseaba alcanzar. Si  sus discursos fueran a atacar y destruir, no tendría  sentido el consenso al que deseaba llegar.

Lincoln, ante los jurados, trataba de obtener decisiones  favorables. En sus discursos políticos, trataba de obtener  votos. Su propósito por consiguiente se dirigía a  obtener acción.   Antes de proseguir, se debe tener en cuenta que la existencia de  Lincoln, como de cualquier otro, no fue un compendio de  éxito por doquier.

Lincoln, tuvo que saborear el fracaso, para conocerse  más a sí mismo, porque gracias a ella,  comenzó a comprender sus cualidades y el enfoque a la que  debería dirigirlas.

Como ejemplo, de caídas, recordemos uno de sus  errores:

"Dos años antes de ser elegido presidente,  Lincoln preparó una conferencia sobre  invenciones.

Su propósito era entretener. A menos, ese  había sido su objetivo, pero no tuvo mucho éxito en  este sentido. En realidad su carrera como conferenciante  entretenedor popular fue un fracaso".   Pero en contrapartida, tuvo un éxito extraordinario en sus  otras disertaciones; algunos de ellos han llegado a ser ejemplo  clásico de exclusividad. ¿Por qué? En gran  parte, porque en dichos ejemplos conocía perfectamente su  objetivo, y sabía cómo llevarlo a cabo.

Muchos oradores no logran coordinar sus  propósitos con el de las personas que concurren a  escucharlos. Se equivocan y se afligen profundamente.

Al comprender esto Lincoln, se abocó más a  los asuntos de dominio propio, a los cuales tenía  pasión y sentía convencimiento por ellos ya que  constituían el futuro de su Nación.   Otras de las cualidades que poseía, era su uso frecuente  de términos familiares y concisos que creaban  imágenes.

Como ejemplo recordemos a Hebert Spencer, en su famoso  ensayoFilosofía del estilo, en donde nos exhorta al uso de  imágenes de la siguiente manera:

"Deberíamos siempre evitar (dice Spencer) una  frase como esta. En la misma medida en que los usos y las  costumbres y diversiones de un pueblo sean crueles y  bárbaros serán severas las reglamentaciones de su  código  penal"

Y en su lugar, deberíamos escribir:

"En la misma medida en que los hombres gozan con la  batalla, en las corridas de toros y los combates de gladiadores,  castigarán los crimines con la horca, la hoguera y el  tormento.   Todas estas frases de mayor brillo, actualidad y  comprensión son necesarias para que el auditorio no se  torne aburrido y se retire a razón del uso excesivo de  tecnicismos, que no hacen sino otra cosa que confundir y divagar  en asuntos fuera de lugar muchas veces.   Lincoln, utilizaba continuamente terminología  visual.

Cuando se aburría de ver llegar extensos y  complicados expedientes a su despacho de la casa blanca, los  rechazaba, no con una descolorida fraseología, sino con  una pintoresca expresión que es imposible olvidar para un  norteamericano lector: CUANDO envió a alguien a comprar  caballo, no quiero que me diga cuántas crines tiene su  cola; solo me interesan sus características  esenciales".

Definía y especificaba sus observaciones. Lincoln  dibujaba cuadros mentales que se distinguían con tanta  claridad y precisión, que sus discursos, eran  comprensibles tanto para un letrado famoso como para un campesino  que lo alcanzaba a escuchar.

Concluiremos diciendo, que Lincoln, tuvo el  reconocimiento de sus tiempos y de hoy en día, gracias a  que supo dominar los detalles, con los cuales fue amoldando sus  ideas a su gran finalidad colectiva, que nació en  él, en virtud de las experiencias vividas, que fueron  cimiento para su inquebrantable ayuda humanitaria.

D.- Sudamérica.

Hablaremos ahora de Sud América, en especial de  nuestro país, Bolivia.   Bolivia, tuvo exponentes de gran trascendencia, dentro de la  oratoria militar, como el caso del Gral José  Ballivián, quién es más conocido, por sus  monumentales frases, Tomas Frías y su honestidad  reflejadas en sus disertaciones y vida misma, y otros.

En esta ocación debemos hablar de un  célebre orador boliviano, a tal motivo, sabiendo conforme  al historiador Mariano Baptista Gumucio, que la historia  contemporánea de Bolivia, arranca de 1930 hasta nuestros  días, sería preciso hablar de esa época.  Pero nosotros abocándonos a la historia universal en donde  la edad contemporánea abarca desde fines de siglo XVIII  hasta nuestro días, es que nombraremos a un personajes que  data de fines de 1800 e inicios de 1900, más aún  debido a su renombrada capacidad de oratoria, que dicho personaje  poseía, siendo ella reconocida por todos los historiadores  bolivianos.

Por tanto, estudiaremos a un Presidente nuestro, que  talvez es poco recordado en nuestra memoria, pero a constituido unos de los  valuarte de la oratoria política boliviana.   Hablamos pues, de don Mariano Baptista Caserta, nacido en  Cochabamba, en la hacienda Calchani, provincia Ayopaya, el 16 de  Julio de 1832.

Realizó sus estudios universitarios en la ciudad  de Sucre, hasta graduarse como abogado; su talento y sus dones  como orador lo distinguieron entre los jóvenes de su  época.   Desde su juventud en las filas del partido rojo, iba luchando  contra el despotismo y combatiendo por el imperio de la legalidad, sin  tregua ni descanso.

Al margen de su tendencia política a la que  pertenecía, nuestro interés es su gran fluidez oral  que poseía, desde las actividades de su profesión  fue renombrada su personalidad.

Pero, será reconocido en la urbe pública  mediante la política, en donde nos enseñan sus  dones en los hechos realizados.

Recordemos aquel congreso de 1883, en donde  constituyó aquel evento en un campo en que se libraron los  más rudos combates acerca de la definición de la  política exterior de Bolivia.   Mariano Baptista aún no siendo Presidente en esa  oportunidad, realizó un informe en donde  demostraba su conservadorismo, a tal motivo llegó a  reputarse de traición a la patria el arreglo alcanzado con  Chile. Dicho informe dio lugar a un debate que se  ha hecho célebre.

Ante un público excitado y enardecido, en el que  abundaban elementos peruanos, Baptista defendió, con los  recursos de su  brillante dialéctica, la necesidad de hablar claro y de  llamar la atención del país sobre sus verdaderas  conveniencias.

El examen de la cuestión, en la forma empleada  por el gran orador, ante un pueblo hostil a su persona y a sus  ideas, analizó los orígenes de la  guerra del Pacífico y buscó en los  razonamientos realistas la causa de los descalabros sufridos por  la alianza.

Demostró cómo Perú y Bolivia,  naciones nacidas sobre las ruinas de la civilización  incaica, de índole dulce y pacífica, habían  tenido que luchar con los descendientes de los rudos y aguerridos  araucanos; probó que la formación social de los dos  países que, desde el periodo colonial, sólo se  habrían preocupado de la explotación de la riqueza  minera, sin esforzarse por crear fuentes  permanentes de bienestar, nos les permitía enfrentarse con  un pueblo que poseía un espíritu retemplado en la  lucha diaria contra factores generalmente adversos a su economía;  censuró la imprevisión de los hombres de estado que  no supieron darse cuenta de que la tendencia expansiva de Chile  obedecía a una ley natural y que era necesario buscar la  manera de encauzar sus efectos, sin desmedro para la vida y  seguridad de los  vecinos; condenó la mala administración de los territorios  ambicionados por Chile, que no permitió asimilarlos a la  vida nacional; criticó la falta de orden y de dirección inteligente en la marcha del  país, que no dio lugar a que el tratado de 1874, elaborado  con la intención de orillar las dificultades y de sortear  con prudencia los peligros, diera los frutos que se buscaron con  él.

Este era, según el abanderado del partido  pacifista, el "criterio sintético de la situación  histórica", que exigía a Bolivia limitarse a la  política defensiva.

La exposición del tribuno fue más que  pieza parlamentaria, demostración de orden  didáctico. Tuvo la suerte de conmover y de convencer, a  pesar de la prevención que se le escuchaba y de las  pasiones exaltadas de combatía. Y si bien Baptista estaba  señalado como presunto candidato a la presidencia de la  República, su triunfo fue tan completo que los propios  adversarios no pudieron menos que admitir sus conclusiones. La  magia de su palabra había calmado la excitación  popular.

Mariano Baptista Caserta, fue ganando prestigio, tanto  por sus altas funciones a las  que representaba, como ser diplomático que realizó  misiones en la República de Argentina, Paraguay, como  Ministro de Relaciones Exteriores en el Gobierno de Arce,  realizó consideradas representación.

Su fama de gran orador contribuía grandemente a  consolidar su prestigio, en un país donde las galas  verbales lo puede todo en la política.

No tardo mucho tiempo en colocarle por parte de sus  conversos y opositores el sobrenombre de "el mago", tanto por el  poder seductor de sus palabras cuanto por su habilidad en el  manejo de las artes políticas.

A tal motivo no era fácil medirse en las  elecciones con Baptista.

La violencia desatada por Arce contra los parlamentarios  del Partido Liberal, en las postrimerías se su gobierno,  permitió que el Congreso reunido en Oruro, el 5 de agosto  de 1892, eligiera a don Mariano Baptista como presidente  constitucional de la República.

El 10 de agosto de 1892 se produjo la transmisión  de mando, una vez que el Congreso verificó los votos  presidenciales. Aniceto Arce entregó las insignias de la  alta investidura a don Mariano Baptista, mostrando así que  por convenir sus intereses y a los del Partido Conservador  imponía al país este gobernante.

Vendría ha ser correspondientemente, uno de los  cuatro gobiernos conservadores de la época, denominados  esos años "la edad de la plata", por ser los presidentes  potentados mineros, a excepción de Mariano Baptista, quien  no guardaba relación con ellos. Por tener campos de  acción totalmente distintos a los otros. Baptista era  abogado, y tanto Gregorio Pacheco como Aniceto Arce, eran mineros  y don Severo Fernández Alonso pese a no ser minero  (abogado) sería impulsado por ellos.

Es momento de dejar el relato de Mariano Baptista, ya  que desde el momento de su investidura presidencial, mantiene sus  dotes de orador, pero ellos aparentemente no encajan en la  práctica del manejo de un Estado.

Hay quienes afirman: Todos los historiadores coinciden  en señalar que el periodo de gobierno de Baptista no hizo  ningún aporte positivo en beneficio del país. Al  orador de la palabra convincente le faltó sentido  práctico para encarar los diversos problemas.   Pero, antes de dar una crítica  debemos remontarnos a los tiempos de conmoción en que  Bolivia vivía en la post-guerra del  Pacífico, ya que en esos momentos el país buscaba  las riendas de la historia para poder equilibrar tanto su  economía como sus problemas limítrofes que se  agravaban más con el tiempo.

Mariano Baptista, tuvo que luchar contra las  adversidades, si bien no realizó actos de cuantiosa  relevancia externa, exceptuando los acuerdos conseguidos que en  algo benefició a Bolivia. No es de desmerecer los  pequeños cimientos a los que se centró en edificar,  como ser el impulso en el campo de la educación, las  artes y el  conocimiento, factores vitales de una República y  más aún si sabemos que para alcanzar la  armonía deseada de un país es absurdo pensar en  conseguirlo en cuatro años de presidencia.

Y la historia así lo demuestra, porque la  enfermedad de Bolivia aún no estaba curada y las  convulsiones no tardarían en llegar, llegando a  exteriorizarse lo que se temía, la funesta Guerra con  Paraguay, hecho que contribuyó en la limpieza de los ojos  oscurecidos de Bolivia. A pensar más en su gente y buscar  medidas de formación a todo nivel, que hoy en día  no se ha concretizado enteramente, sin desmerecer algunos pasos  realizados que ayudan a la mejor visualización de  hoy.

Evitando caer en la posición de crítica,  la cual es muy cómoda para  cualquiera.   A tal motivo recordaremos aquellas composiciones realizada en  1852, 1857, y 1872, por Mariano Baptista Caserta, extractadas de  la biblioteca  pedagógica:

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